paisaje exento
Pasión,
color,
el toque personal,
el libre albedrío
y el placer
de caminar bajo los impulsos
de las musas.
Prohíbe todo ello
y serás
un funcionario del paisajismo.
Un paisaje exento es un paisaje que no acaricia, que no abraza, que no besa. Pero también es un paisaje que no escupe, que no golpea, que no saca la lengua.
Es pensar en el paisaje como en un símil de la poesía: ahí está, luego uno ha de darle forma, vestirlo de recursos, desvestirlo y jugar con todo ello.

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