Animal
Estaba la dificultad,
al escribir,
de que el sentimiento no fuera
lo suficientemente fuerte,
de que no me golpease en el estómago,
ni me agarrase del cuello,
ni lanzase rodando mi corazón,
por la cuerda floja del equilibrista,
en el cuaderno cuadriculado.
Pero la mente siempre estuvo abierta
e inventé un colchón.
¿Miedo?
si, siempre hubo...
a que lo que escribiese no me hiciera sentir mejor,
miedo a verlo ajeno,
miedo a que la sensibilidad
no fuera lo suficientemente irracional,
miedo a que las palabras que fluyen de tan dentro
no fueran las gotas de tinta
que desbordasen el vaso de la emoción.
Si esto no es así,
no vale la pena escribir,
ya que nunca seré un funcionario de la poesía.
Siempre tuve miedo,
si,
a la belleza de cartón piedra,
a las palabras limpias,
porque creo en las palabras manchadas
por nosotros mismos,
creo
y las intento entrelazar.
¿Sabes que un día sentí tocar el piano en un papel?
¿Sabes que trabajé en la melodía desde la primera vez?
¿Sabes que me traje, de mi huerta, un puñado de poemas,
que esparcidos en este micromundo,
me confirieron la seguridad de pisar sobre seguro?
Yo observo...
al pájaro de caninas costumbres
que levanta la pata
y defeca entre líneas.
Pero no estoy obligado a oler ni a comer.
Yo estoy a la entera disposición de la poesía,
nunca del ladrido,
siempre de la melodía,
llévame volando en un abrazo infinito
y llegaremos lejos
lejos
muy lejos
mas lejos que la hostia
porque soy un animal, poético.
Y primero me aislé en cuatro Din A 4.
Después me elevé.
Un día sentí animadversión
y subtitulé todas y cada una de las versiones,
untando mi índice en charcos de sangre.
Y escribiendo,
sintiendo,
sentándome
y observando,
en los márgenes del guión del buen rollito.
Un día,
mi mente se abrió tanto,
que los muros fueron murales donde chocar,
y el chocar fue una caricia.
Y del chocar
y de la caricia
y del golpeo contra el muro...
cosas que nunca tú veras.
Un día mi corazón no sintió,
tan solo un día.
Y ahora...
quiero hacer toda una batida de miradas...
divertirme,
experimentar
y sacar y dar de comer
al animal,
porque soy un animal, poético.

Meneame
del.icio.us
Comentarios(3) »
Un día me preguntáron en público, ya lo recuerdas?:):):), qué opinaba de un poema tuyo. Sin pensarlo dos veces, me salió así, mi respuesta fue, muy bien compensado musicalmente, un buen equilibrio de agudos y graves que destaca ambos tonos con mucha fuerza. Y es que tu poesía yo siempre la leo y la escucho, a mí me da por ahí:):):)y me suele sonar a una mezcla acertada de violines y chelos, algún bajo de vez en cuando, una trompeta o un clarinete por allí, qué sé yo, pero inseparable de la música, yo no puedo verla de otra forma.
Me encanta cuando te manchas las manos, cuando comes con los dedos, cuando haces equilibrios, verdaderamente eres un animal, una bestia diría yo:):):), y me encanta. Un beso muy fuerte, Manu.
A mí me ha encantado. He de admitir que esa resistencia arrogante me gusta. Tal vez sea porque de animales entiendo un rato... jaja. Afortunadamente, ni la dificultad ni el miedo te impidieron convertirte en un animal poético.
Por qué cosas más raras le dan a este Manu... ;). Por cierto... Ahram el hombre, navegando; Ahram el niño, en su torre, jugando a crear. Krito, entretenido con la luna y los dioses fronterizos. Yo, entrelazando palabras.
Besos dichosos a repartir, pues.
Seguiremos teniendo ideas y cada vez más material, inflamable o no, seguiremos teniendo razones para agradecer. Vuestros comentarios me motivan a seguir dándole candela al bolígrafo, a base de bien. Los que deja el gran Manu dan entidad a los poemas (traductor: ¡esa frikiwhiskeria pronto la fundiremos!), lo mismo digo acerca de Glauka… abierto al dialogo poético me encuentro. Silvia… me alegra que te pases con asiduidad… Soco… prepararemos con mimo y todo el mimo para la próxima vez.
Muxus a todas.